Un viaje corto pero memorable
A Cancún fui pocos días, pero se sintieron completos. Fui en junio de 2026, con temperaturas de alrededor de 31 °C y mucha humedad, algo que hay que tener en cuenta para toda la logística del viaje, y el plan giraba principalmente alrededor de conocer Chichén Itzá, una de las siete maravillas del mundo.
Ficha del viaje
Chichén Itzá queda a unos 200 km de Cancún, unas tres horas por carretera.
Chichén Itzá y la magia que sentí que faltó
Cuando llegué a Chichén Itzá, la verdad esperaba un poco más. El camino hasta la pirámide es recto, llegas y ya está, la ves de una vez, sin ningún misterio previo. Y desde 2008 solo se puede admirar desde abajo, porque subir al Castillo está prohibido.
Comparándolo con otras maravillas que he visitado, como Tikal (que me pareció mucho más impresionante) o Machu Picchu (donde el esfuerzo para llegar hace que la recompensa se sienta más satisfactoria), sentí que a Chichén Itzá le faltó esa construcción previa, ese misterio antes de verla.
No sé cómo se vivía antes, pero para mí, llegar directo y verla de una fue perderme parte de la magia.
Aun así, es linda, bonita y vale la pena conocerla. Solo que mis expectativas eran distintas.
Cenote Xcajum, el plus de la península
Yucatán está lleno de cenotes, pozos naturales de agua dulce, y el que visité fue el Cenote Xcajum, en Dzitás, a apenas 10 km de Chichén Itzá. Su nombre en maya significa "el lugar de los sonidos", y es el único cenote de Yucatán con cuatro miradores distintos para verlo desde varios ángulos.
Zona Hotelera, Playa Delfines y Playa del Carmen
Además de Chichén Itzá, hice tres paradas más en estos cuatro días. La Zona Hotelera es la franja de hoteles entre el mar Caribe y la laguna. Playa Delfines es una playa pública de acceso gratuito, en el kilómetro 18 del bulevar Kukulcán, donde también están las letras de CANCÚN. Y Playa del Carmen tiene su Quinta Avenida peatonal, llena de tiendas y restaurantes.