Todos me advirtieron, nadie tenía razón
Antes de viajar a Ciudad de México en abril de 2025, casi todas las personas con las que hablé me dijeron lo mismo: ten cuidado. Llegué con esa alerta encima, lista para lo peor.
Pero mi experiencia fue completamente distinta: todo normal, todo tranquilo, todo bien de principio a fin. Incluso pasé un día entero sola, caminando por la ciudad sin compañía, y salió todo bien.
Entonces ahí es donde entiendes algo: si no experimentas un lugar, te dejas llevar por lo que dice la gente. Prefiero vivirlo yo misma para que así pueda dar una opinión válida y más realista. Aunque eso no quiera decir que debes bajar la guardia ante la inseguridad que existe en cualquier capital grande del mundo, siempre tienes que informarte de la zona donde te alojas y mantener los ojos abiertos.
Ficha del viaje
La Colonia Roma, mi base
Me quedé alojada en la Colonia Roma, la zona que elegí después de investigar un poco antes de viajar, y que terminó siendo la decisión correcta. Es de esas colonias con calles arboladas, cafés y muchísimas opciones para comer, y desde ahí todo quedaba a distancia caminable.
Cerca encontré cafés, museos y miradores a los que llegaba caminando sin problema, todo a distancia real desde donde dormía. Nada de cruzar media ciudad para hacer cualquier cosa.
Bellas Artes y el morado de las jacarandas
En mi foto de portada las jacarandas están en flor frente al Palacio de Bellas Artes, con su cúpula dorada al fondo. En Ciudad de México florecen en primavera, más o menos entre marzo y mayo, y pintan de morado plazas y avenidas. Si puedes elegir fecha, apunta tu viaje a esa temporada porque la ciudad se ve distinta.
La chica del Castillo de Chapultepec
Una de las anécdotas más memorables del viaje fue justo el día que pasé sola, mi último día. El Castillo de Chapultepec está en lo alto del Bosque de Chapultepec y hoy alberga el Museo Nacional de Historia; yo estaba en la parte del museo, entre pasillos con vitrales, cuando me crucé con una chica mexicana que también viajaba sola.
Nos ayudamos a tomarnos fotos la una a la otra, terminamos conversando un rato y nos seguimos en Instagram hasta ahora. Tenemos una foto juntas de ese día.
Verla ahí, sola, conociendo, viviendo justo lo mismo que yo, fue de las cosas que más disfruté del viaje.
Dos mujeres viajando solas y que se ayudan mutuamente es una interacción corta que quedó en el recuerdo.